Pensé que sería una transición más suave, no obstante, el descenso fue de golpe, ya que me había habituado largamente a un estado ajeno al dolor.
Llegué a conocer los secretos más íntimos del Cosmos, tenía claro el funcionamiento de la rueda Samsara y los pormenores del manto celular, del reino de los animales humanados. Suponía que ello representaría una ventaja para mí.
Por el contrario, todo aquello que representaba precisión y seguridad, se tornaron en intermitentes flashes que no logro cuajar.
El Arcano del olvido había obrado con afilada precisión y las peticiones de los Seres iluminados que me acompañaron en el último tramo antes de mi descenso, logró nivelar solo en parte el desbarajuste que acarrea la amnesia, propia del cuerpo físico.
Me introduje a esa Nada contenida, pensando en que no sería tan fatal el reto (siendo figurativo, porque siendo estrictos a lo prescrito, sería 108 veces faltal).Estaba sentenciado a ser un errante en 108 vidas. Así que mi esfuerzo inicial, se lo llevaría el elaborar un plan transversal que tenía como finalidad acortar el trayecto a toda costa; ya que entre más permaneciese en contacto directo con la densidad de este medio y con los muertos de consciencia, más me iba a adaptar a él y a ellos. Más me desprendería de mis recuerdos y las verdades anteriormente reveladas, serían nuevamente vedadas.
Mi sentir inicial fue optimista. Recordaba cosas muy positivas de este plano, como que las flores eran bellas, por ejemplo; no tanto como las de planos más sutiles, pero igual daban una armonía única al agreste contexto en el que me hallaba, el cual había sido auspiciado por el desencadenar de mi propio accionar.
El inconveniente que le hizo contrapeso a mi optimismo fue que mis múltiples planes no lograban enchufarse con mi cerebro despierto. Me pasaba toda la noche configurándolos en el astral mientras mi cuerpo yacía dormido, pero al despertar, no lograba recordarlos.En esta prolija maquinación era asistido por entidades del Reino Molecular -tal cual lo prometieron-, quienes estaban permanentemente activos y vigilantes con respecto a mí. Yo estaba por supuesto muy agradecido con su asistencia, aunque desde mi coraza humana también me encontré encarando sensaciones como angustia, arrepentimiento, vergüenza, nostalgia, autocompasión, victimización y un profundo temor.
Mi imperfecto recipiente era un canalizador atómico de estas vibraciones de frecuencia negativa, así que me hacían llevar una carga adicional a la ya copiosa encomienda.

Fuera de eso, debía luchar con la frustración de no entender las instrucciones o recomendaciones que me daban mis guías, a veces me brindaban respuestas que no estaban a mi alcance humano, que no interactuaba con las condiciones y limitantes que me había brindado mi actual encarnación: no, no me era loable conseguir ázoe en una presentación que no fuera gaseosa y no me era posible percibir al Deva del jazmín para que me ayudara a traer bonanza y así poder conseguir ciertos materiales costosos. Tampoco me era alcanzable, la tarea de cruzar el astral hacia otras dimensiones con el fin de recuperar ciertos ingredientes ritualísticos de envergadura cósmica.
Necesitaba trabajar con lo que estuviera al alcance de mi coraza. Así que llegó a mí otra sensación que mi recipiente abrazó con naturalidad; como quien se cambia de piel. Fue entonces cuando me revistió la frustración.
¡Frus-tra-ción! ¡Qué animalesco sabor! Le sentía palpitar con cada sístole y engullirme con cada diástole.
Por tal -frustrante- situación, les pedí a mis Maestros y Hermanos vincularme con mi Alma Afín, para conjuntamente pensar en otras opciones (su afinidad natural conmigo se sustentaba en la coincidencia de la edad sideral y de los hábitos psíquicos que adquirimos durante milenios). Me preguntaron que a cuál de mis almas afines me refería (algunos de ellos estaban en otras dimensiones en el momento anterior a mi encarnación, así que no sabían diferenciarla).Me dolió mucho cuando traté de pronunciar su nombre, pero ya no hablaba ese idioma. La naturaleza divina de su nombre me era ajeno, desconocido; imposible de pronunciar desde mi animalidad humanada. Así que me tocó esperar pacientemente (impacientemente para ser humanamente precisos) a que uno de los que ya me conocía me contactara y volverle a hacer la indagación.
Cuando me dormía y me desdoblaba, sentía una suerte de impotencia que podría comparar con el ingresar (por decirlo de cualquier forma) en una cabina telefónica astral con una única moneda, para posteriormente descolgar la bocina, llamar al azar y cruzar los dedos para que me atiendiera alguien que hablara mi mismo idioma y tuviera alguna idea de cómo ayudarme.
Algunos se limitaban a darme "apoyo moral" recondándome que no debía afanarme por reducir mi trayecto y que podía hacer los 108 transitares sin conspirar sobre el cómo acortarlos. Que era sano ocuparme de las vicisitudes y retos de mi actual encarnación y no de cómo podía reducir mi sentencia apenas en el primer tramo.
Además, me decían cosas como:
- "Omnia vincit Amor", "memento mori", "Non omnis moriar", "Ars longa, vita brevis", "Ex nihilo nihil fit", "Mens Sana in corpore sano", "Aequam memento rebus in arduis servare mentem", "Audentes fortuna iuvat", "Carpe diem", "Nosce te ipsum", "Possunt quia posse videntur", "Tempus fugit", "Homo homini lupus est", "Sine ira et studio", "Non metuit mortem qui scit contemnere vitam".
Me sentí como que me sugerían que siguiera preso en mi piel y que algunas vidas más tarde, por buen comportamiento aspirase a reducción de pena (?).No me sincronicé con su benévola y noble intención, simplemente lo sentí reduccionista y poco empática, odiosa y facilista, incluso. Entonces les colgaba el teléfono o volvía desconsolado a mi cuerpo que me esperaba paciente en el lecho.
Necesitaba mi "visita conyugal". Esta cárcel no parecía querer negociar conmigo ninguna reducción y mientras esperaba a que alguien al otro lado de la bocina astral me contestara con una respuesta más armoniosa y efectiva, me hice niño en mi primera coraza.

No era fácil la vida una vez colgaba la bocina astral y despertaba.
Nací en una prolija familia humilde, dedicada al cultivo. Allí tenía que trabajar tempranamente y las labores de llevar comida a la mesa ocupaban todo el día y toda la vida. Así que no había alguna aspiración a alguna ascensión espiritual.
Era una familia en donde pelechaba (más que cualquier otra cosa que cultivásemos) la ignorancia y el fanatismo religioso.
Yo era un niño "distraído", "dormilón", de débil complexión. Fuera de eso, al parecer "estaba poseído" porque hablaba solo y recitaba palabras extrañas, "ajenas al lenguaje coloquial", al de un buen cristiano.
Por algún motivo nací con el recuerdo de aquellas palabras que asustaban a mis progenitores, quienes me las corregían con golpes, advirtiéndome de lo imprudente de mi actuar y de que si alguien me acusaba de hereje podría terminar muy mal.Agobiada la progenitora por tener que luchar con un hijo que al parecer, estaba muy enlistado en una condena segura. Buscó apoyo en su religión y fue a contarle sus tribulaciones al cura de la iglesia local. Claro que en la intimidad de la confesión, para comprometer al cura con su silencio.
El cura le advirtió que lo dicho en confesión no podría divulgarse a no ser que tuviera que ver con ofensas tan abiertas a la Iglesia, ya que se trataba de encubrir un posible hereje y lo que era peor, un hereje infante, es decir que podía ser un poseído o un hijo natural de una entidad oscura.
Tal cura me reportó con el obispo y aquel último mandó a su vez a un novicio para investigar el asunto.
Así fue que se descubrió que mis recitales que parecían tan turbios, eran latín y por ser este un lenguaje que para entonces era muy propio de lo sacro; pasé de la noche a la mañana de ser un demente hereje a ser un estigmatizado.
Terminé de tal manera, siendo reclutado por la Iglesia, pero debido a mi poca lustrosa ascendencia terrenal y lo indigno e innoble de mi linaje, se me cerró alguna posibilidad en la Iglesia y pasé a servir al rey en calidad de traductor (tenía una facilidad "sobrenatural" para aprender otros idiomas).Pasaron entonces dos eventos importantes en el próximo transitar de aquella coraza:
1. Fui desarraigado del seno familiar y no volví a saber de estos.
2. Los Maestros y entidades de luz en mis desdoblamientos me recitaban continuamente frases en latín para que mi consciencia lo adhiriera, así fue que pude recordar tal idioma. Algo que yo inicialmente interpreté como una actividad ociosa de sermonearme con aforismos varios, cobraba sentido de repente: me estaban brindando un armamento, anteponiéndose a las dificultades de mi nacimiento en esta coraza. Me transmitían el saber que me permitirían con algo de paciencia y prudente sacrificio, tomar algo de ventaja en este avatar samsárico.
Mi profesión de traductor me daba muchas licencias para ir a la biblioteca del rey y nutrirme de textos sagrados e incluso escudriñas en la "literatura oculta" en donde buscaba aquellas frases que aparecían en mis duermevelas y así fui hilando mis memorias, dándoles forma para ir haciendo las respectivas conexiones con mi génesis e irme ilustrando en el arte de recordar. Me dediqué entonces a traducir los textos y tratados más importante que se me habían encomendado: mis sueños.Con los años pude menoscabar en mi génesis divino, había aprendido a controlar el arte de desdoblarme (ya no en la inconsciencia del sueño, sino en la consciencia de la meditación), así que ya no "llamaba por cobrar a cualquier parte". Sabía localizarme en el astral y comunicarme mejor para pedir ayuda especializada. Es decir, aquella ayuda a entidades de infinita sabiduría y bondad que podían intervenir libremente en el plano físico, ya que poseían las llaves de mi actual eslabón samsárico.
Dichas entidades podían enviarme señales más claras, tanto oníricas como en estados de plena consciencia. Tales señales me obligaban a hacer asociaciones de tipo cognitivo y luego de una naturaleza más profunda.
Fue así como pude socavar mi propia mente en búsqueda de mi expediente y al cerrar mi vida en aquella coraza ya estaba al tanto de mi real entidad ascendente y mi posterior descendencia.
Sabiendo esto, me dispuse a hacer mis memorias en una biblioteca astral para poderla consultar en próximas vidas, es decir, para hacer un empalme más suave y garantizar que el esfuerzo memórico no se echase a perder en futuras encarnaciones.
Supe además que mi Alma Afín estaba en este mismo plano celular y por ello "no contestaba mis llamadas" en el astral. Tal como había prometido, había descendido conmigo, pero no en condición de guía, sino de desencarnada, situación que me inquietaba bastante porque no sabía los motivos y las condiciones en las que había ocupado una coraza degenerada como la del animal humanado.
Al parecer no le había ido tan bien en el ritual y esfuerzo de despertar consciencia y recordar.
Esto, debido a que yo lograba verla cuando ascendía "dormida" al astral, pero estando allí, no se despertaba o si lo hacía, dilucidaba. No tenía claridad alguna, acaso si me recordaba. Tenía el mismo comportamiento de un animal humano corriente; su nivel de necedad y de ignorancia ante las verdades universales.
¿Qué tipo de amnesia había padecido?
Así que terminé tan rápido como pude mi biblioteca astral que serviría de "backup" para mi próxima encarnación (https://prezi.com/view/MSyBM7BjKmnJl7b1AyUL) y en los años que me restaba de vida en aquella coraza los destiné a buscarla.Años de infructuosa búsqueda, aunque tenía la certeza de que compartíamos plano, época, mundo ¿Dónde se había metido? ¿En qué turbia esquina de este reino celular había encarnado?
Antes de darle una respuesta a aquella inquietud, me vi postrado en una cama por una enfermedad para la época desconocida. Perdía la memoria, el sentido común, el juicio.
La senilidad es la prueba de fuego para un "hombre de letras". La sensación de desamparo es intensa y cultiva amplias praderas de dolor que toman mayor fuerza cuando se cosechan en intensa soledad.
Tanto tiempo ausente del hogar me había desvinculado de la tarea de formar fuertes lazos emocionales con nadie. Me había vuelto un educado funcionario del rey, pero no le había dedicado el mínimo esfuerzo por conectarme emocional o fraternalmente con nadie. Así que la vida me estaba saldando aquello de la forma más clara posible: el abandono en la vejez, el desconsuelo en la decrepitud.
El olvido de mi cuerpo y mi mente hizo su caníbal aparición y así fue terminé esperando la muerte en algún tipo de refugio para ancianos, desvalidos, mendigos y los demás desechos que la sociedad manda hacia un lado con una mano enérgica.
Pasé mis últimos días gritando dentro de mi cuerpo sin poder salir, perdiendo el manubrio de mi mente y mis extremidades.
Posteriormente, un día cualquiera dejé de moverme para "siempre" con lo que respecta a esa coraza . Entonces la cuidadora de aquel refugio llamó al cura para que me brindara los santos óleos, aquel venía acompañado con una religiosa.
De aquella solo pude verle los ojos antes de trascender.
- ¡Gicela!
Grité para mis adentros y luego me perdí en la nada.
***
Referencia:
Ramatís y Atanagildo. La vida más allá de la sepultura. Psicografiada por: Dr. Hercilio Maes
Banco de imágenes:
Niño de ojos claros: https://www.paraloscuriosos.com/a10922/los-9-bebes-con-los-ojos-mas-bellos-del-mundo?page=2
Granjeros medievales: https://descubrirlahistoria.es/2015/04/trabajos-medievales/
Rostro índigo. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=rnPgbQzrqtc
El resto de las imágenes aquí incluídas, fueron extraídas de pixabay.com
Frases en latín traducidas y explicadas. Recuperado de: http://portalclasico.com/frases-en-latin-traducidas-y-explicadas





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