En esa vida "desperté" muy tarde. No supe la razón sino hasta mucho después.
Para cuando logré arrancarle a mi consciencia esquirlas de algún recuerdo pasado, la coraza que habitaba ya estaba en el furor de la juventud, cursando una carrera universitaria sobre temas literarios (contemporánea-comparada, algo así). Estaba al parecer transversalizado por las letras, por no decir que destinado a estas.
Repasé las memorias de esa encarnación y fue una suerte no encontrar algún lío mayúsculo que me generara algún tipo de karma muy pesado, aunque sí apercibí un par de situaciones turbias que no pude esclarecer a primeras; solo lograba reconocer que tenía un karma negativo pendiente por cobrar aunque no sabía con exactitud qué lo había o estaba generando.
Se trataba de un recuerdo oculto, olvidado de manera premeditada. La mente había sido adiestrada para bloquearlo con ayuda de un externo (un esceptico psicólogo que desayunaba, almorzaba y cenaba en la necedad). Aquello requería una revisión detenida, pero la postergué para encargarme de las tareas macros apremiantes: diagnosticar en dónde estaba y cómo haría para salir de los embrollos kármicos que me tenía en cocción la Samsara.
Para tal diagnóstico, me introduje en mis memorias, descubriendo que había pasado un poco inadvertido en realidad: era tan malo para relacionarme como cuando fui traductor (aunque debido al sufrimiento que ello me acarreó tenía un latente desespero "inconsciente" por tratar de socializar, sin éxito). Además, era en sí, asustadizo y pasivo, esto componían los estragos o herencia de cuando ocupé el recipiente del fraile Edward.

De aquel último, también me quedó el temor a las turbas. Supongo que vendría siendo el ego generado por el miedo que desperté en la muerte pública, que finalmente se celebró en la horca. Pese a ello, extrañamente no le tenía miedo a las sogas, ni a asfixiarme, pero sí a las alturas y los tumultos.
Fuera de ello, no había nada más. El resto de información que tenía tan clara en mis últimas dos encarnaciones estaba bloqueada. De tal manera que condicionaba mi mente para hallar la forma más adecuada de socavar el conocimiento que intuía que debía buscar.
- ¿Pero por dónde?
- ¿Por qué tenía tan poca lucidez en esa vida en materia espiritual a pesar del trabajo que había hecho en mis anteriores recipientes?
La respuesta a eso se me aclaró posteriormente (lamentablemente cuando desencarné):
En aquella vida debía pasar por situaciones truculentas y grandes pérdidas personales como el desempleo, desamor, ruina material y moral, todo, para probar mi resiliencia y el reto mayor: confrontar y sobrevivir a la desesperanza , la irascibilidad (propia) y la ira.
No obstante, gracias a mi arduo trabajo espiritual pasado, tenía un karma positivo acumulado que actuaba como un crédito a mi favor, que finalmente sirvió como aliciente, aunque me había dejado poco en el bolsillo. Así que a pesar de se me menguaron varias de las vicisitudes previstas, entré a aquella vida a ciegas en cuestiones espirituales y podría decirse que culminó sin muchos méritos mencionables, pero sí varios errores de renombre que me someterían a consecuencias kármicas abrumadoras.

Para ser un poco más concreto, podría mencionar que llegué a un recipiente llamado Jonathan, el cual había sido fruto de una unión indeseada entre un ser violento y mujeriego y de una egoísta que tenía cierta adicción a los calmantes y a cualquier propulsor que le permitiese catapultarse en otras realidades y exhortarse de la presente. Se casaron por aquello de cumplir expectativas sociales, pero era evidente que no había ni un atisbo de afecto, ni siquiera atracción.
Yo era entonces como un invitado que no se marchaba y que causaba muchas incomodidades y molestias. Así que el descuido, la desatención, el trato negligente y parco fue una constante durante toda la vida.
Por tal escenario, había tenido un comportamiento retraído, inseguro y propenso a la depresión. Y tales circunstancias me mantenían muy abstraído de temas espirituales. No se me había inculcado ni los rituales mínimos que me hubiesen permitido traerme calma y guiarme un poco. No, en su lugar , mis progenitores habían hecho una jugada maestra para que mis posibles luminarias desaparecieran del camino. Iba realmente a ciegas, dando tumbos por la vida, preguntándome del aparente sin sentido de todo.
De allí se desprendían mis recuerdos ocultos: cuadros de depresión mayor a los que no lograba hacerle resistencia (por el nulo anclaje espiritual) y a los que me entregaba sin más y me sumergía en tales sin dar la pelea. Estos recuerdos que aprendí a anular, anunciaban un par de infructuosos intentos de quitarme la vida, los cuales no se lograron concretar debido a torpezas en el proceso o al hecho de que era sorprendido in fragganti.Lo último, gracias al actuar de un espíritu-guía que no pudiéndose comunicar conmigo de manera más directa por el estado de involución mental en el que me hallaba, enviaba a alguien más a descubrirme y con su irrupción saboteaba mis misiones autodestructivas. Tales misiones me generarían un karma negativo, debido a que mis actuares conjugaban una ofensa a la Divinidad que se me empezaría a cobrar en aquella misma vida, es decir, compliqué más el turbio sino que se me trazaba en aquella coraza.
Lo anterior obró de manera positiva solo en el hecho en que me hizo un maníaco en cuestiones académicas, porque así lograba escaparme de mis reclamos y hastíos personales y sociales.
Inmerso en un libro cualquiera escuché algo que no podría precisar si había sido de naturaleza interna o externa. Lo sentí claramente como un susurro que me decía:
- "OVA, busca respuesta en las OVA".
Me asusté y achaqué tal evento al cansancio, así que me permití el día libre y traté de entretener mi mente en trivialidades. Sin embargo, el susurro continuó acechándome cada tarde.
Movido más por el miedo que por la curiosidad o convicción, me apresuré a la biblioteca del campus universitario para buscar información sobre lo que podrían ser las "OVA". Encontré lo siguiente:
"OVA, sigla de Original Video Animation (オリジナル・ビデオ・アニメーション orijinaru bideo animēshon), como su nombre lo indica, son producciones animadas destinadas para su consumo en video, donde comenzaba el auge de los reproductores Beta y posteriormente el VHS" (Wikipedia, 2018, agosto 24).
- ¿Qué rayos?
-¿Qué tipo de sinsentido es esto?
- ¿Qué juego mental tan de mal gusto era ello?
- ¿Estaría zafándoseme algún tornillo y empezaba a desbarajustarse mi mente?
Fue allí donde tomé la primera decisión fatídica: busqué ayuda "profesional" y me le serví en bandeja a un psicólogo inepto que se refregaba en la necedad y el escepticismo. Aquel resolvió que todo se debía a una baja de cortisona y litio, a que mi vida se explicaba por fallas en mis neurotrasmisores y que el flujo de dopamina y endorfina no eran los deseables. De tal forma que me volví un conejo de laboratorio del psicoanálisis posmoderno y mi cuerpo sirvió de relleno sanitario para cuanta píldora provisional y "panacea" de la medicina tradicional.Entonces, me sumí en un estado de constante dopaje. Pero incluso en tales momentos seguían en mi mente desfilando la palabra OVA y anunciándome ideas dispatadas:
"que las OVA tenían 3 etapas: contenido, actividades y evaluación y que previamente requerían de una planeación. Y que conjugaban una simbiosis de los elementos de multimedia y los recursos empleados tradicionalmente en la enseñanza. Incluso en un estado de durmevela en el que me induje químicamente, subiéndole la dosis al medicamente recetado, pude ver, escuchar, percibir completamente aquello de la OVA. Se trataba de algo referente a "El universo de Don Tomás".
Como no entendía muy bien todo aquello, por seguridad mental, me tranquilicé pensando que aquellos "flashbacks" y fogonazos que traían información para mí inexplicable e indigerible, solo eran productos de desencaje químico mientras mi cuerpo se habituaba al medicamento.
Sentía mi cuerpo desprenderse de mí, mis pensamientos trocarse, despertaba gritando porque perdía la memoria o porque había sido abandonado en un inmundo hospital de mala muerte. En clase salía despavorido con la sensación de que los presentes querían atraparme y quemarme o ahorcarme. En momentos lloraba sin consuelo, quejándome de que estaba lejos de mi hogar y que era un exiliado de mi lugar de origen. Acusaba a mis padres de ser unos impostores, de que no eran mis padres, de que yo no pertenecía a este lugar, que no era humano y que todo lo que me rodeaba era un circo de engaños.
Esta situación cocinó mi segunda fatídica decisión: deserté de la universidad.
Para mi mala suerte, la presión geopolítica de la nación en que residía, se había hecho más agresiva y pronto estalló la guerra. Total que todos aquellos mayores de edad que no estuvieran trabajando en algo que sirviera directamente a la nación (cargos públicos en general y un puñado más de otros oficios) y que no estuviesen en la universidad, debían enlistarse al ejército.Así fui rodando hacia el destino turbio que me aguardaba...
Lo cierto es que podría haberlo detenido, contando cuán loco estaba, cuán inestable era mi mente: decirles sobre los sueños, mi procedencia divina, las voces, la sensación de escuchar mensajes en los colores y de que el aire se comunicaba conmigo a través de brisas o ventiscas. Podría haberles dicho que me parecía ver pequeños seres entre los árboles y que cuando me metía al mar o en algún cúmulo de agua natural, sentía que me halaban los pies y al mirar detenidamente podía distinguir rostros humanoides traslúcidos, hechos de agua; aquellos me sonreían y trataban de decirme cosas que no entendía o no quería entender, ya que salía espantado de aquel lugar.
Podría en sí, haberme delatado poniéndolo un zoom a aquella demencia que me carcomía, pero mi orgullo y miedo pusieron un contundente peso en la balanza. Así que decidí callarme. Y de paso condenarme.
Cabo Jonathan - Agosto 24
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Referencias
Imagen horca. Recupera de (2018, agosto 25): https://www.cnnchile.com/pais/como-funciona-la-condena-la-horca-en-malasia_20180503/
Imagen "Freud y el conejo": https://desmotivaciones.es/5462805/Y-la-chica-del-vestido-azul
* El resto de imágenes fueron extraídas de pixabay.com



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